domingo, 20 de enero de 2013

"El blues de los objetos perdidos"


Al final no hay principios que valgan,
si se trata de vivir en el blues de los objetos perdidos

no hay todo vale, sin el pasaporte
para las ciudades acantiladas

no hay yo, solo,
para nada,
si vas perdido junto al caos
con la espada atravesada

si el filo se te acerca
con su mirada sonrojada.

Tras el baile de la sangre

no hay paz individual que me valga
si la enfermedad social avanza y avanza
y ya no se para,
no hay yo, no hay todo

sin colectivizar no hay nada -no queda-
salvo salvar a la locura de la masa enmarañada.

Sólo, tal vez
el ronroneo de esa gata que descansa

o esa tímida,
la vaga melodía de guitarra.

Al principio no hay finales que valgan
si se trata de vivir en el blues de los objetos perdidos



Si es que

al final no hay jazz sin viento
igual que poesía sin dolor,
ni blues,
sin los gritos susurrados de guitarra


viernes, 18 de enero de 2013

"La última noche"

"A dos manos"


Noches que se enlazan con el día 

-mientras la nariz sangra-

se abren las pupilas 

vidas sin alma
que son consumidas.

Cuerpos danzantes 
en el sereno del amanecer lagunero

pies que se tambalean

palabras errantes

los rostros de siempre
con las vestiduras de un nunca

que atardece

 y va desvaneciéndose,

oscureciendo
en el transcurrir de los siguientes  .

Cae la esperanza
tras la última cerveza

petardos que desgarran
 la garganta,

 ¡a estas horas!


y sin ganas de tocar la cama.

Pero da igual,

sólo quedan formas,
las esencias desaparecieron.

La niebla nos abruma,

circunstancias,

palabras vuelan
y el silencio se nos fuma.


 

viernes, 11 de enero de 2013

"La tragedia del poema"

La tragedia del poema no se escribe sola,

la tragedia del poema es lo no dicho,
el asesinato que se esconde en cada sonrisa,
el entierro de pétalos rojos en cada abrazo.

La dicha de lo no escrito es más que el poema camuflado,
es la manía en forma de entretenimiento,
besar las rejas de la jaula electrificada y sentir el chispazo en los labios, en toda la cara,

es la que no puede ser, lo que no es, lo que es y no, la frustración.

Es la lluvia ácida sobre el paisaje primaveral, el marchite del color,
son los gritados cánticos de los pájaros que van como cayéndose  por el acantilado.

El poema se aferra, o más bien se aferrará al amor de lo que es, o más bien fue vivido,
para abrir en la cueva enjaulada el escondite de la oscuridad...
para respirar, para ver, para oler el polem de la flor naciente
y escuchar el rugir de las hojas al viento, para acercarse a la muchedumbre vegetal,
y vegetar, no tanto por lo inmóvil, sino en su sentido más fotosintético,
por eso de ser parte de algún conjunto.

Pobre de la belleza conjuntada cuando se le mutila cualquier borde ondulado,
que se convierte en arista por carencias: sol, agua, luna
o alguna otra parte fundamental de ese proceso a través del cual queremos: la fotosíntesis.

Exceso y defecto de elementos,
concordancia del nudo simbólico,
placer, compensación,
el equilibrio de una risa tras el lamento.

Y cuando estamos alegres acabamos expulsando una especie de agua inmaterial
para rellenar el vacío dejado por las lágrimas que fueron limpiadas por aquel pañuelo...
homicida!
que impidió la fusión de la tristeza con el cuerpo, el enraizamiento,
el problema rizomatizado.

Por eso lo no dicho es la tragedia del poema,
por ser el grito desaforado dentro de la orquesta en su máximo apogeo sonoro,
porque te pones a prueba,
porque tientas a la existencia,
porque estás a tientas con ella, en el borde,
esperando que alguien lo sienta,
que tu corazón se reencarne en dos ojos que lo entiendan.

Y entonces la calma, el gran suspiro de alivio,
después la risa,
y el olvido de lo que sucedió en aquel verso,
y el olvido también del siguiente que aun está por venir.

Momento y situación,
en esencia.

martes, 8 de enero de 2013

"EMPATIA, en mayúsculas"


a Gloria, que me entiende


me eres como empatía pura,
amiga,
y yo pensando que eso no exsitía,
y tú pensando en la palabra miedo,
que ahora también es mía

a veces estas rota y me rompes
a veces estoy roto y te rompes
y luego nos rompemos y nos arreglamos
y nos reímos y nos lloramos,

a las pocas, nos abrazamos
y tus abrazos me saben a años,
y eso que apenas ni medio ha pasado
de cuando nos asustamos con las primeras palabras,
recurrentes coincidencias,

caricias a la empatía,
amiga,
aunque no la veas,
me cura tu alegría,
que a la vez es como la mía
pero sin embargo está escondida

por mi especie de qué se yo,
cierta alergia a esta vida.


lunes, 7 de enero de 2013

"Retazos"

hay sangre en la pared diciéndome
que escribir por aburrimiento excede el auto suicidio,
que no tiente a mis musas
porque ayer se fueron y hoy, andan demasiado tristes
como para juntarse con uno

refugio-me como siempre en esas peludas flores verdes
o en alguna rubia con espuma

recreo-me en la nostalgia de cierto pasado ya borroso
o en cualquiera de los  varios sinsentidos cotidianos

en este teatro,
redoble de domingo,
escuchando a gillespie,
por si encontrar algo de mar en la melancolía

evitara dicho auto suicidio

por hacer algo más de eso que llamaron poesía
y a mi se me va escapando como el transcurrir de cada día

con el corazón entre algodones
y la cama vacía,

cada vez

hasta de mí,

en este redoble de domingo.





domingo, 6 de enero de 2013

"Re-pe(n)sares de domingo"

y parece que mis dias ya no tienen mañanas
porque mañana es hoy mirándose al espejo
y ya las letras suenan a orquesta mal tocada

y las semanas se me quejan,
pobres de ellas, palabras,
que las he dejado sin su acompañante favorito, de domingo,
relegándolas al papel de ponerse bajo el porche y esperar a que pase la tormenta,
al lunes, al volver

al verla pasar en bicicleta
y no poder siquiera,
regalarle un saludo de nervios y sudor
como el de ayer

y mis cristales en pedazos acariciándose con el frío,
más por orgullo que por negación de placer

a veces el tiempo se atasca,
y los relojes titubean re-escribiendo sus palabras.


jueves, 3 de enero de 2013

"El a veces a veces es distinto del cuando quieres"

El a veces a veces es distinto del cuando quieres...
sólo a veces
cuando el agrado inesperado te coge de la mano
y te dice vente,
cuando las miradas se entienden y ves el puente

y la tragedia te da un respiro mientras lo cruzas,
sólo mientras lo cruzas.

Se mueve, lo sientes,
entonces el vértigo,
luego el disfrute al tiempo de las palabras,

la comodidad de dos pies colgando
salvados por la penetrante fugacidad de las miradas.

Un instante, un recuerdo, un par de ojos adornando el viento,
resplandecientes oscuridades cómplices
sin necesidad de esas farolas y demás inertes
aparentes seres, de la noche.

Hay voces que duermen mientras se cruzan de repente,
como el segundo donde la espuma vuela con dos olas al encontrarse
sin pensar cuáles serán las siguientes.